La Toscana, un paraíso para los sentidos

Hay lugares que están rodeados de romanticismo, que sólo escuchar su nombre ya nos sugiere una sensación placentera, una atracción, el deseo de trasladarnos allí. Es el caso de la Toscana. Italia está llena de lugares por descubrir por diversas razones: historia, belleza, gastronomía… La Toscana merece ser disfrutada, además de todo esto, por poseer un duende especial.

Nos trasladamos al corazón de Italia, el campo nos rodea salpicado de pequeños pueblos, de esos que apetece quedárselos. Sobresalen los campanarios de las iglesias y entorno a ellos casas y casones en tonos ocres claro. Los bosques y campos que los rodean son preciosos, enmarcados entre colinas de cierta tonalidad azulada. Todo tiene un color especial. Todo se relaciona con armonía. Es un paisaje que enamora. Como ocurría en la película “Bajo el sol de la Toscana”, dan ganas de comprarse una casa allí.

La Toscana tiene mucho que ofrecer. Muchos años de historia en un entorno de cuento. Desde la época romana ya fue una región importante, en la época medieval se consolida como uno de las zonas de mayor riqueza artística y en el renacimiento es una explosión cultural. Para disfrutar de esta región transalpina hay que hacerlo en coche, y dejándose llevar sin un rumbo fijo. Abiertos a descubrir lo que el destino depare. Deleitarse con los paisajes, sus pueblos, sus ciudades, Florencia, Siena, Lucca, Pisa… y el mar.

Florencia es la capital de la Toscana, una de las ciudades más bellas del mundo. Da gusto ver lo bien que se conservan los monumentos. Paseas por sus calles y te impregnas de la riqueza artística fruto de años de buen gusto. A esto hay que añadirle ese toque decadente que dota de personalidad única a Italia. Construcciones antiguas, tradición y diseño se mezclan por las esquinas.

La Piazza della Signoria es majestuosa, presidida por el Palaccio Vecchio y rodeada de estatuas. Paseando por sus calles el viajero llega a encontrarse con el duomo, la Basílica de Santa María del Fiore, una de las cosas más hermosas que he visto en mi vida. Es una obra tan magna que con la primera mirada ya te quedas con la boca abierta. Hay que ir poco a poco para asimilar que el hombre haya hecho semejante derroche de talento en una sola cosa. Una de las cuatro catedrales más grandes del mudo construida totalmente en mármol. Se levanta imponente coronada por su cúpula de más de 100 metros de altura y 45 de diámetro.

Visita obligada es también el Ponte Vecchio, repleto de escaparates con joyas. Cruzándolo y a pocos metros a la izquierda, recomendamos el restaurante Golden View con una gran vista del ‘Ponte’. Es un lugar acogedor, decorado con muy buen gusto, informal a la vez elegante. Cocina tradicional con cuidada elaboración. La bodega también es destacable. Además ofrece dos suites para alojarse.

La mejor forma de viajar es con amigos locales, esto te permite sumergirte en su mundo y conocer su idiosincrasia. La sociedad toscana está llena de tradición. La afinidad y el parentesco se entrelazan. Las reuniones son entre círculos familiares y de amigos de siempre. Una de las ciudades que mejor muestra da de ello es Lucca. Una pequeña ciudad amurallada, repleta de bonitas basílicas y palacetes medievales. Es una ciudad llena de sabor y fuera de las habituales rutas turísticas. Sus calles empedradas trasmiten calma, el ladrillo de sus edificios calidez, como la Via Sant’ Andrea en la que se levanta la singular torre Guinigi con las siete encinas de su cima. Lucca sugiere disfrutar de la vida con sosiego, rodeado de amigos con los que compartir el tiempo que parece que allí no pasa.

Muy cerca de Lucca encontramos la costa toscana donde las montañas nevadas y las playas casi se tocan. Es una imagen bellísima pasear por la orilla teniendo de un lado el mar y del otro los escarpados Alpes Apuanos. Y no es la nieve lo único blanco de sus paredes, sino que grandes betas de mármol también hacen el papel de ríos de nieve en la época cálida. Precioso. En la Costa Apuena, bañada por el Mar Tirreno, encontramos poblaciones vacacionales como Viareggio, o Forte dei Marmi, uno de los lugares preferidos en verano por la gente guapa Milanesa. Allí está La Capannina una discoteca que triunfa desde finales de los 40. Un clásico.

La Toscana es también tierra de viñedos y olivares. Allí se produce tintos muy interesantes, de sabor singular. El aceite de oliva, como para nosotros, es producto de culto. Practican la gastronomía de los sentidos. Tienen una cocina basada en el sabor de los productos, de la buena materia prima. Basilico, pomodoro, trufa…

En nuestro viaje encontramos largas excursiones por campo y ciudad, gastronomía que engancha, buen vino; aperitivos, de los de allí, que son todo un acto social; salidas nocturnas en los sitios de moda junto al mar. En la toscana se vive bien, con calma y disfrutando de las cosas buenas de la vida. Es un paraíso para los sentidos.

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