Auckland, la ciudad de las velas

Es muy sorprendente descubrir como en la otra punta del planeta existe una ciudad con tanta similitud estética y cultural con las que conocemos en Europa. Auckland es una ciudad moderna, estilosa y de un marcado espíritu occidental. Su pasado como colonia Inglesa le ha transmitido ese ADN propio del viejo continente, aunque su edad sea mucho más joven.

Auckland es la capital económica de Nueva Zelanda. Como metrópoli ocupa una enorme extensión, con una pequeña city de rascacielos, comparada con las extensas zonas residenciales que la rodean. Es una tierra verde y fértil, franqueada por dos mares: a un lado el mar de Tasmania y al otro el océano Pacífico. No es por esto casualidad que sea llamada “la ciudad de las velas”.

Tanta es la influencia del mar en esta ciudad que goza de dos puertos, uno en cada agua. La gran flota de embarcaciones de recreo es buena muestra de la sana y creciente economía. El puerto es el corazón de Auckland, se respira movimiento y alegría. Edificios de arquitectura vanguardista que combinan cristal, metal y madera. Náutico y esbelto. Destacan las ambientadas terrazas que miran a los magníficos yates allí atracados. Bonito y seductor.

Es una ciudad en la que un viajero occidental se siente ubicado. En cierto modo como en casa. La sensación es de un entorno familiar, aunque no hay que olvidar donde nos encontramos. Apetece salir y disfrutar de su vida. Es una ciudad con estilo, que sigue las tendencias de la moda. Cosas de la globalización, encuentras allí estampas que podrías perfectamente ver aquí, en un reportaje de Habitania o AD.

Una zona maravillosa por su creatividad y estética es Britomart, junto a Quay st. Es impresionante como los edificios de corte industrial, del viejo puerto, se reinventan para ser tiendas, galerías, bares o cafeterías, que al entrar te sorprendes por su buen gusto: The Northern Steamship Co., Tyler Street Garage, son dos de una larga lista de sitios con encanto. Es genial. Y la idea de arreglarse y salir a cenar es irresistible, por su oferta de restaurantes, con especial mención a la cocina asiática, como Ebisu.

Da gusto descubrir un sitio bonito. Cosas hechas con estilo. Disfrutar de la vida y de una ciudad. Pasear y ver. Y es impresionante descubrir como nos parecemos; como una cultura, la occidental, puede estar conectada por la herencia y la tradición, aun estando tan lejos.

[Texto: Carlos Montero. Fotos: Carlos Montero y Ebisu]

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